Por: Amalio Solano
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El pasado 5 de agosto de 2011 salí desde el Terminal San Félix, estado Bolívar, para la Zona Educativa en Cumaná. Pero antes hice escala en Maturín, tomando luego otro carro. En el asiento de atrás junto conmigo iban dos damas que coincidencialmente estaban vestidas de blusas amarillas y pantalón blue jean azul. Después del saludo dentro del carro no nos dirigimos más la palabra, pero ellas dos conversaban. Pensé que se conocían.
Yo iba atento al paisaje, a esa extensión de terreno plano del estado Monagas cuando me encuentro con Las Toscaza. Durante el recorrido me extasiaba en la lejanía cuando observé un balancín moviendo su cabeza como afirmando algo y los mechurrios vomitando fuego producto del gas quemado adornando el espacio a lo lejos como atardecer al llano.
La gente por la carretera, los niños y niñas con sus representantes yendo a la escuela, los muros o “policías acostados” en la vía, y el transitar de los carros hacían ver colmado de alegría estos sectores como el poblado de Taguaya.
Fue en San Antonio de Maturín donde comencé a conversar con una de las damas cuando el chófer decidió hacer parada en un restauran cerca de la Plaza Bolívar para comprar un refresco, y todos los pasajeros nos bajamos. La dama de nombre Isabel me invitó a sentarme y mientras nos tomábamos un agua mineral aproveché el momento para preguntarle donde queda la Zona educativa, y después de explicarme, fue tan amable que se comunicó con un conocido, para que nos esperara cerca del Terminal.
Seguimos el viaje y me sorprendí al ver el monumento realizado en la pared de un cerro al final de un pequeño puente. Allí se puede leer un mensaje que dice: “Fundación de San Antonio de Capayacuar, por Fray Jerónimo de Muro…1713, un mapa, el fraile con una cruz en la mano frente a los indios Chaimas y la inmensa culebra; esa de la leyenda, donde se cuenta que se tragó a una niña y su hermano pequeño al avisarle al jefe de la tribu, éste matando a la culebra sacó a la niña de la entrañas del animal y después que quemaron a la culebra, esparcieron sus cenizas por el pueblo. Esto dio origen al Baile de la Culebra de Ipure.
Antes de subirnos al carro para seguir nuestro camino, el chófer se dirigió a nosotros diciéndonos que se sentía cansado y estaba trasnochado; por eso se había comunicado con uno de la línea en Cumanacoa, para que nos fuéramos con él. Isabel y yo seguíamos hablando mientras la otra señora llevaba un silencio ignoto, pero lo rompió cuando nos ofreció un chlicle; luego volvió a su silencio.
A Isabel yo le parecía una persona evangélica, pero a la vez dudaba porque no me veía la Biblia. Y haciéndome la pregunta le dije, no chica no soy evangélico y seguímos dialogando. Ella, muy conversadora, me pareció que era una maestra. Me dijo que trabaja en una escuela y da clase de noche en la Misión Ribas.
Cuando llegamos a Cumanacoa, sacamos los bolsos del carro y en ese momento tomé del mío un libro para regalárselo a Isabel. Quedó impresionada cuando se lo entregué. Luego le dije: ese es mi segundo libro de poesía titulado Lágrimas de una rosa. Y el libro en sus manos sentía las caricias de la bella dama cuando a primera vista hojeándolo se detenía a leer un poema.
En nuestro andar por la vía, la carretera me parecía una culebra huyendo del enemigo que de pronto se consigue con una bajada y un sol tratando de taladrar el asfalto; y los cerros que parecían estar cerca de nosotros, de pronto se veían lejos.
El diálogo entre nosotros se hacía más placentero. Yo sentía que su mirada me escudriñaba la piel. Ella, muy graciosa al hablar y yo siguiéndole los pasos en su amabilidad, me sentí como que la hubiese conocido desde hace muchos años atrás.
Al llegar al pueblo de Guanaguana, me llamó la atención la iglesia colonial a la orilla de la carretera. Data del siglo XVIII. Sus piedras dan muestra de los años que lleva a cuesta. San Miguel Arcángel es el patrón de la iglesia que es una atracción turística, lo mismo que el embalse o represa El Guamo, ubicada en un valle. Este comprende lo que es San Antonio de Capayacuar y el antiguo pueblo de San Francisco. Allí el sol no encuentra obstáculos para dejar caer su luz haciéndola brillar en las aguas.
Es una belleza contemplar los grandes cerros y las nubes adornándolos mientras sus espaldas desnudas mostraban los sembradíos de los pobladores; ver cómo la neblina brota de las montañas, los árboles con sus ramas entrelazadas dando sombras, parecían dos enamorados, los ríos correr a poca distancia detrás de las casas y los animales pasearse en esos grandes patios sin linderos. Todo eso es hermoso y muy diferente a un mundo hecho de concreto y lleno de industrias que contaminan el ambiente.
Cuando observé mi reloj para ver la hora eran las 12:35 minutos. Pasábamos frente al cuartel militar de Cogoyal, en donde se podían ver unas pequeñas carpas militares cerca de la entrada. Me dio impresión de que allí habían personas damnificadas. La voz de los otros pasajeros y la del conductor se ahogaba dentro de ellos mismos, no la dejaban salir; mientras Isabel y yo seguíamos conversando.
Llegamos al Terminal de Cumaná, y quienes pudieron vernos juntos pensarían que éramos pareja, pero nada que ver. Es una bella y hermosa dama que conocí a quien le regalé mi libro y pude notar en ella cuanto aprecia un regalo. Cerca del Terminal nos esperaba la persona con quien ella se había comunicado, caminamos un poco y después de presentarme a la persona, subimos al carro y me llevaron cerca de la Zona Educativa. Les agradecí la amabilidad, y la imagen de la dama se impregnó en las pupilas de mis ojos.
Cumaná, la cuna de Antonio José de Sucre, la del Río Manzanares, ese río que la atraviesa y se molesta cuando le llueve demasiado, entonces se hace sentir saliéndose de su cause poniendo en aprieto a sus habitantes. Con razón el poeta le pidió en su composición que lo deje pasar, que su madre enferma, lo mandó a llamar…
Puedo decir de esta persona que como escritor no se encasilla en un sólo tema en sus artículos.Escribe haciendo sus comentarios sobre la política,novela de escritores como Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva entre otros temas. Escribe poesías,canciones,es declamador, pintor, fue músico y ha grabado siete CDs de poemas romántico y uno llanero Tiene un compadre a quien conozco de nombre Reinaldo González, que le graba sus canciones y están preparando otro CD. Mayito como también se le conoce, es buena gente cualquiera puede contar con él. Ah, también tiene dos libros publicados con sus poesías y otro por publicar.
ResponderEliminarJosé Rodriguez.