Por: LUIS ATAY
A las 19.41 minutos, (HLV), del pasado 26 de febrero; apenas a 5 kilómetros de profundidad y casi frente a la población de Muelle de Cariaco, volvió la madre Tierra a tener una de sus “necesidades fisiológicas” en esta zona; esta vez de magnitud 4.1 en escala Richter, es decir ¡Un Terremoto!; fenómeno telúrico de normal y permanente ocurrencia, en zonas afectadas por fallas sísmicas; tal y como lo ha sido y lo seguirá siendo siempre nuestro querido estado Sucre, por la activa Falla de El Pilar.
Aproximadamente 5 horas después; en otro sector cercano más al norte y con una magnitud menor, se sentiría una réplica que reforzaría y aumentaría mucho mas el normal temor poblacional en los municipios Mejía, Ribero, Andrés Eloy Blanco, Andrés Mata y con menor fuerza en algunas zonas de Bolívar, Cruz Salmerón Acosta, Bermúdez y Sucre. Así fue.
Habrán notado las respetadas personas lectoras de estas notas; así lo esperamos, nuestra repetitividad o reiteratividad en el uso de la palabra “Normal”; y no podría ser de otra manera, tal vez nos quedamos cortos, habida cuenta de ser El Terremoto; (al igual que sus sinónimos: Sismo y Temblor), un visitante permanente; aunque sorpresivo, inesperado e indeseado, en cualquier zona donde existan las ya mencionadas Fallas. Igualmente usamos la palabra “normal”, al referirnos a ese sentimiento de miedo que debemos acusar como seres humanos, ante la ocurrencia de un terremoto u otro fenómeno natural o antrópico de afectación adversa.
Dicho esto; y recordando cuantos de esos dichos y cuantas veces los habremos dicho, nos remontamos a esa predica apostólica llevada junto a compañeros y compañeras de Protección Civil, RAIC, Coordinación de Educación Sísmica de la Zona Educativa, Coordinación de Riesgos y Calamidades de la Dirección Regional de Educación, Centro de Sismología de la UDO, FUNVISIS, Bomberos, Grupos Voluntarios, algunas alcaldías y algunos medios de comunicación, según la cual en algún lugar de Sucre; por la activa sismicidad de la falla que lo afecta, puede ocurrir un temblor en cualquier momento del día, en cualquier día de la semana, en cualquier semana del mes, en cualquier mes del año, o en cualquier año de un lustro o de una centuria; o sea, cuestión de corto, mediano o largo tiempo, ¡nada más!; (¡Ah!, imagínense, todo eso; de un solo golpe, debe adivinarlo el “adivina-adivinador”, para adivinar la ocurrencia del Terremoto). Lo raro, lo increíble, lo atípico, lo inverosímil y hasta cierto punto ya inaceptable, es seguir encontrando personas “cultas” reacias a creer esa realidad y con una férrea disposición a no participar en cualquier actividad educativa relacionada con el tema y con su propia capacitación, en función de saber como convivir con el riesgo y la preservación de su vida. Todo esto, -una vez más-, ha quedado tristemente retratado y las evidencias así lo confirman, en un alocado y criminal envío de mensajes de textos telefónicos celulares, según los cuales; (palabra mas, palabras menos), en el momento especifico de un día especifico, ocurriría en Sucre un sismo de magnitud catastrófica y que la población hasta debería dormir con ropa. Al momento de saber tan nefasta anunciación, vinieron nuevamente a nuestra mente unas precisas palabras del licenciado Luis Daniel Beauperthuy, (y repetidas este miércoles 28 por el también licenciado y estudioso del fenómeno sísmico, Jaime Avendaño, con quien nos reunimos ese día en el Sismológico para tratar el asunto), según las cuales; por ser mas fácil que adivinar un Terremoto y de la misma manera “ponernos en unos reales”, hacerle un llamado a quien hizo el anuncio para que nos diga cuales números del “Kino” o del “Gordo” saldrán esta semana. Más nada.
Respetadas lectoras, respetados lectores; el Terremoto, Sismo o Temblor, es el fenómeno natural peor educado que existe, pues; a diferencia de las lluvias y los vientos huracanados, entre otros, no avisa ni cuando ni donde va a ocurrir, ni cual será el tamaño de afectación. En consecuencia; aun con las señales del guayabo profesional en nuestros corazones, rectificamos algunas expresiones nuestras; e igualmente nos disculpamos con quienes nos escucharon decir, (quizás lamentándonos o parodiando a nuestro Libertador Simón Bolívar), que también hemos arado en el mar; al oír, escuchar, ver o leer, -(después de casi 17 años informando y capacitando a la población en esa materia)-, anuncios de personas inescrupulosas pronosticando o adivinando ocurrencias especificas de movimientos sísmicos. Hasta ahora; no obstante el trabajo arduo y permanente realizado por especialistas en Sismología de todo el mundo, los terremotos siguen siendo IM-PRE-DE-CI-BLES; aunque se sabe que su ocurrencia, (y esto debemos internalizarlo todas las personas amenazadas por ese fenómeno), va a suceder en zonas afectadas por fallas sísmicas; El Pilar, dixi. Tomemos pues tan cruda realidad, con la misma seguridad de que debemos respirar para poder vivir; y cuando se nos de o escuchemos alguna noticia criminalmente irresponsable, como el anuncio de la ocurrencia de un terremoto, recordemos que la ignorancia se combate con la Educación; y frente a la ignorancia de esa realidad sísmica que vive con nosotros, solo podremos mitigarla sembrándonos la Prevención como Patrón de Conducta; implementando las actividades educativas pertinentes, sin apresuramientos alarmistas ni pausas suicidas entre la población.
El Terremoto no recibe señales de llamadas ni responde mensajes, pero los envía; y sus mensajes naturales, como este de las 7.41 pm del pasado 26 de febrero, son señales normales de que duerme y despertará donde existan fallas sísmicas, como aquí; de que aquí forma parte latente de nuestra realidad, de que seguirá ocurriendo aquí, de que solo Dios también sabe cuando y donde va a ocurrir el próximo aquí y de que aquí debemos aprender a convivir con el. A lo mejor el planteamiento suene a trabalenguas y no parezca tan sencillo; discúlpesenos, pero es así.
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