Por: Fernando Morgado
Vaya usted a saber dónde podrá estar escondido este pajarito a esta hora. Hace tres semanas aproximadamente se corrió el rumor de la caída de Muamar Gadafi, sangriento dictador que desde hace 42 años viene haciendo de las suyas, como todos los de su calaña. Aunque el avance del pueblo rebelde Libio, apoyado por las fuerzas demócratas de las Naciones Unidas, lograron penetrar el bastión del ejército oficialista de ese país que los tenía reprimidos y casi aislados del resto del mundo, ahora, desde hace unas dos semanas, también se rumora la desaparición física del dictador.
Según lo que recogemos de la prensa nacional e internacional hasta el miércoles pasado, “Gadafi está acorralado por las victorias del pueblo rebelde que estaba ansioso de libertad, paz y sosiego, ávido de escoger sus propias autoridades mediante el voto directo y secreto, jamás ejercido, y con todo el furor y deseo de ser hombres y mujeres libres, arremeten contra las amuralladas y bien protegidas instalaciones residenciales del dictador y sus familiares; a costa de miles de muertos, y lo hacen abandonar Trípoli, su capital, con rumbo aún desconocido”.
Pero lo simpático de toda esta peripecia, es que hasta el momento de escribirla aún nadie sepa de su paradero, lo que consideramos inaudito, porque un hombre de tanto dinero y poder, con una familia tan grande, todos súper vigilados por inmensos cordones de seguridad, se desvanezcan de pronto, como tragados por las arenas del desierto. Vaya usted a saber, cuáles podrían ser las intenciones ulteriores de este teatro.
Según versiones de periódicos y televisoras del mundo, durante las últimas semanas, el dictador que ha estado aferrado al poder durante 42 años, supuestamente ha estado negociando un refugio seguro, con los que él considera sus gobiernos amigos, entre ellos, los de Túnez, Suráfrica y Venezuela, y hasta se rumoró que a través de La Voz de Rusia, habría dicho que una vez entregado el poder, huiría con destino a Venezuela, y hasta se aseguró que el tema fue discutido en Túnez entre los representantes del dictador y funcionarios del gobierno venezolano. A esto, nuestro pueblo respondió por medio de cartas de advertencia enviadas a varios medios: “En nuestro país no lo aceptaremos, con uno que tenemos basta”.
Con la caída de Muamar Gadafi, se estrecha cada día más el paso de los dictadores en el mundo contemporáneo, y se demuestra una vez más que los armamentos no son el factor más importante, ya que todos los caídos, además de la experiencia de varios años y de haber sido entrenados en batallas verdaderas durante invasiones a otros países. No obstante no han resistido la decisión del pueblo cuando ha dicho “NO” a los bandidos que han osado retarlo, pretendiendo imponer a la fuerza sus caducos sistemas totalitarios de gobierno. Sus arrumacos, besuqueos, palmaditas en los hombros y sudorosos apretones que no son más que falsas expresiones de aprecio. Y mucho menos la implantación de sistemas comunistóides, que no le han traído al mundo más que retrasos, divisiones, odios y rencores entre hermanos y un olvido total del bienestar y el progreso de los pueblos. Basta de engaños, Viva la libertad y el progreso.
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