martes, 30 de agosto de 2011

Yonny Galindo/"¡Qué olas tan grandes!"

Por: Yonny Galindo Marín
yonnydg@gmail.com

Hay tormenta, el mar está picado. 12 años tiene el Presidente pintándonos un país que no terminamos de ver. Si tuviera resultados que mostrar, sin duda alguna que fuera un elemento importante en su terapia de sanación, pero resulta que escasean las obras que mostrar, los testimonios de buen gobierno no aparecen por ningún lado, por más que se empeñe, imposible ver lo que él quiere que veamos, toda vez que no existe sino en sus delirios de socialismo del Siglo XXI.

Y eso en nada lo ayuda, no hay nada que lo reconforte espiritualmente, a no ser que se crea lo que le dicen sus colaboradores como aquel vetusto y esperpento adulador, el mismo que le maneja la planificación de la economía. Llueve mucho, y pensando en esto el que se pica soy yo.

Chávez y sus correligionarios nos proyectan lo que ellos quisieron haber hecho, las políticas públicas que a ellos les hubiera gustado ejecutar.

Todo en el gobierno gira en torno a lo que no pudo ser, pero que ahora, a lo mejor, se podrá. Cada alocución del Presidente es como que si se tratara de un candidato en campaña o de un presidente electo y no de alguien que nos gobierna desde hace 12 años, ya casi 13.

Este gobierno lleva a cuestas en el tiempo a dos gobiernos anteriores de cinco años cada uno y un tercero en trance de finalizar. Entonces, imagínese usted lo que ha debido realizar. Cuando llegó Chávez, mi hijo menor tenía cuatro años, hoy ya cumplió 17 y lo que ve es a un país en plena destrucción y acabamiento. Sigue lloviendo.

Cuánto nos ha costado esto que siguen en el gobierno llamando proyecto de país socialista.

Si echamos números para calcular el gasto de la nación en los ministerios, ninguna calculadora tendría espacio para presentarnos los guarismos. Son cifras astronómicas las que se gastan en cada ministerio.

Ahora bien, usted se entera por estas cadenas presidenciales, las que pudiéramos llamar “Chavez en la isla de la fantasía”, que los que están al frente de esas instituciones no saben tan siquiera hacer un formato de presentación sobre la planificación requerida para decirnos está en ejecución este u otro programa de gobierno que le dé beneficio directo a la gente, y que cuando salgamos a la calle lo contrastemos con los testimonios del ciudadano común.

Es por eso que el Presidente, entre cursilerías y babosadas, tiene que andar rayando con marcadores en la superficie de un mapa las fantasías que se le ocurren en ese momento, ergo, sale usted a la calle y no encuentra nada de nada, bueno sí: mucha rabia e indignación. Y nada que salga el sol.

Para una maqueta búsquenlos, eso sí que saben hacer; parece que el señor Farruco Sesto tiene, como arquitecto, muy desarrollado el arte de hacerlas, y “ponerla” también. Ilustremos con un caso que el Presidente evidenció en su última cadena: la Misión Vivienda.

Se anotaron muchas familias con la esperanza de que le resuelvan su problema de techo propio y digno, elaboraron unos instrumentos para recoger información que supuestamente le permitiera dar la respuesta oportuna y pertinente a cada caso y en cada lugar. Ahora bien, oyendo al Presidente nos damos cuenta de que esa gente no sabe qué hacer.

Así estamos aquí, en la playa, sin saber qué hacer. Chávez y sus ministros se ponen en evidencia ante el país. Por una suerte de iluminación fugaz en pleno acto de “La isla de la fantasía”, se le ocurrió que esos matrimonios jóvenes sin hijos deben ir a dar a una sabana que él desde el aire divisó y se dijo: “Listo, problema resuelto, para acá se vienen”. ¡Qué olas tan grandes…gritó mi hijo!

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